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Piratas y Fantasía Náutica

  • Writer: Paulo César Ramírez
    Paulo César Ramírez
  • Jul 19
  • 4 min read


Dentro de los subgéneros de la Fantasía, encontramos algunos como la Fantasía Artúrica, el Wuxia, el Chambara, el Péplum, o variantes de la Espada y Brujería como el Sword & Soul, Cimitarras y Djinns y el más reciente Øx y Skald, en los cuales no solo se bebe de la mitología de un grupo cultural específico, sino que se construyen y desarrollan alrededor de sus raíces culturales, leyendas y cosmogonía completas.


A diferencia de esos casos, aquí no hace falta bautizar nada: el subgénero ya tiene nombre propio y tradición asentada desde hace más de un siglo. Hablamos de Piratas y Fantasía Náutica — el aventurero del mar como centro, no la "fantasía marítima" abstracta.


La Fantasía Náutica es aquella ambientada primordialmente en el mar y sus costas, donde el océano no es solo escenario sino fuerza activa de la trama: puede esconder monstruos, otorgar magia, tragarse barcos enteros o incluso tener voluntad propia. Su variante más conocida es la de Piratas, centrada en corsarios, tripulaciones y la búsqueda de tesoros bajo bandera propia — pero el mar fantástico también admite exploradores, náufragos y navegantes que nunca levantan un solo cañón.


Los antecedentes: de dónde viene todo esto


Simbad el Marino (de Las Mil y Una Noches, compilación medieval sin autor único, entre los siglos VIII y XIV) es casi el abuelo de toda la fantasía náutica: islas imposibles, criaturas gigantes, tierras desconocidas, viajes que funcionan como pruebas iniciáticas.


La Isla del Tesoro (Robert Louis Stevenson, 1883), aunque no sea fantástica, es inevitable: mapa, tesoro, isla perdida, capitán legendario, motín, tripulación — la base entera del imaginario pirata moderno.


Con Veinte mil leguas de viaje submarino (Julio Verne, 1870) y el Nautilus aparece otra vertiente distinta: el barco como puerta a otro mundo.


El Corsario Negro (Emilio Salgari, 1898) aporta la aventura romántica: corsarios, piratas, mares exóticos, héroes y villanos.


Y aquí entra la fantasía heroica propiamente dicha: la etapa de Conan junto a Bêlit, en Queen of the Black Coast (Robert E. Howard, 1934) — la prueba de que el mar ya estaba dentro de la fantasía heroica desde el propio fundador del género.


La fantasía náutica moderna define lo que distingue hoy al subgénero: On Stranger Tides (Tim Powers, 1987) mezcla piratas históricos, magia, el Caribe, zombis, vudú y la Fuente de la Juventud. Ship of Magic, primer volumen de The Liveship Traders (Robin Hobb, 1998), introduce el barco como ser vivo. The Bone Ships (RJ Barker, 2019) lleva esa idea hacia lo oscuro: barcos hechos de huesos de dragón, criaturas marinas, guerra naval fantástica. Tress of the Emerald Sea (Brandon Sanderson, 2023) propone un océano regido por sus propias leyes fantásticas.


Y del lado más pulp, Piratas de las Aguas Negras (The Pirates of Dark Water, serie animada creada por David Kirschner, 1991) recuerda que el subgénero no tiene que ser solemne.



Los monstruos clásicos del mar


Ninguna Fantasía Náutica que se respete puede prescindir del bestiario marino que ha aterrorizado navegantes durante siglos. El Kraken, criatura colosal de tentáculos de las tradiciones escandinavas, popularizada por el obispo Olaus Magnus en su Historia de gentibus septentrionalibus (1555), comparte protagonismo con las serpientes marinas — una figura que resulta casi universal entre culturas costeras. Jörmungandr, la Serpiente de Midgard nórdica, es tan larga que rodea el mundo entero mordiéndose la cola. El Leviatán hebreo (Job, Isaías, Salmos) es descrito como serpiente-dragón marino que ni las armas humanas pueden herir — el propio Simbad ya incluye una versión de esto en la "Ballena del Diablo" capaz de tragar barcos enteros. En Filipinas, Bakunawa es una serpiente-dragón alada que devora la luna durante los eclipses, cuyos movimientos servían como calendario geomántico para los antiguos filipinos. Y en la mitología mapuche de Chile y Argentina, Cai-Cai Vilu gobierna el mar y a todas sus criaturas, capaz de inundar el mundo entero con una sola sacudida de su cola de pez — su batalla eterna contra Trentren Vilu, la serpiente de la tierra, es el mito de origen del archipiélago de Chiloé.

Escila y Caribdis, el par de monstruos del estrecho que Odiseo debe sortear en la Odisea griega, funcionan como el equivalente clásico occidental de "elige tu desastre". En Japón, el Umibōzu es un monje sin rostro que emerge del mar en calma para volcar embarcaciones, mientras que en el norte insular, entre el pueblo ainu de Hokkaido, gobierna el Akkorokamui — un pulpo gigante de color rojo intenso, capaz de tragar barcos y ballenas enteras, venerado como kamuy (espíritu divino) tanto como temido. Y en Gales, el Ceffyl Dŵr, el caballo de agua que atrae a los incautos hacia las profundidades, forma parte de una familia más amplia de "caballos acuáticos" que se repite con variantes en todo el norte de Europa.



Los hilos culturales


El Caribe aporta su propio imaginario sobrenatural, forjado en la misma región donde floreció la piratería histórica: Mama Dlo (o Maman de l'Eau), espíritu mitad mujer mitad serpiente que gobierna los ríos y castiga a quien contamina sus aguas; y Agwe, loa vodú haitiano del mar, junto a La Sirène, su consorte, señora de las profundidades y de la riqueza que el océano esconde.


Polinesia, por su parte, entra no por piratería sino por ofrecer otra manera de imaginar al navegante: Tangaroa (o Kanaloa en su variante hawaiana), dios del océano y padre de toda vida marina; el taniwha maorí, guardián o depredador de ríos y costas según la leyenda; el marakihau, criatura con cuerpo de hombre y cola de pez tallada en las proas de las canoas; y Te Wheke-a-Muturangi, el pulpo gigante que el navegante Kupe persigue y da muerte a través del Pacífico — persecución que, según la leyenda maorí, culmina con el descubrimiento mismo de Aotearoa (Nueva Zelanda).



Así pues, la figura del rebelde marginado, el inconformista de espíritu indomable recorriendo los mares, explorando islas fantásticas, teniendo aventuras en tierras desconocidas, enfrentando bestias y monstruos marinos de diversos imaginarios, es la esencia misma de los Piratas y la Fantasía Náutica. 

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